Por Abel Huerta
En 1994, la crudeza gélida del estudio Necrohell en Noruega dio a luz a Transilvanian Hunger de Darkthrone, un manifiesto sonoro que definió la hostilidad y el purismo del Black Metal. Más de tres décadas después, desde el calor asfixiante y pantanoso de Houston, Texas, el trío Bong Wizard ha decidido tomar ese legado bajo cero, sumergirlo en litros de resina y prenderle fuego.
Este próximo 25 de junio, la banda soltará de manera independiente su nuevo larga duración: Transilvanian Munchies. Un disco donde la solemnidad extrema y la misantropía escandinava son devoradas por una avalancha de Sludge y Stoner Doom.
Aquí pueden ver “Bluntlust”, su más reciente videoclip:
Hacer que una obra con tintes de parodia sobreviva al primer chiste es un terreno peligroso. Como si se tratara de una película de terror de Serie B donde los cultos colisionan con el absurdo irreverente, el disco funciona porque Bong Wizard sostiene la broma sobre una pared de sonido absolutamente destructiva. Como ellos mismos advierten: “El humor abre la puerta, y los riffs te cruzan por el umbral”.
Al revisar el tracklist, la profanación a la realeza del metal extremo (especialmente a los titanes Emperor) es un deleite para quienes conocen la historia del género: clásicos inmaculados mutan en títulos como “Inno A Sativa”, “I Am The Bong Wizards” o “With Strength I Burn One”. Pero que la ironía no los engañe. Sónicamente, aquí no hay rastro de blast beats ni guitarras de enjambre agudo. Este es un coloso de paso letárgico, genéticamente emparentado con el peso tectónico de Conan y Yob, la mugre sureña de Weedeater y la atmósfera asfixiante de Electric Wizard.

A nivel estructural, Transilvanian Munchies marca el debut en el estudio de su nuevo baterista, Thomas Meeks. Su incorporación junto a los fundadores Justin Liles (guitarra/voz) y Ronny Spera (bajo/voz) forzó a la banda a replantear su aproximación rítmica. El resultado es un ensamble que suena mucho más orgánico y letal que en su anterior EP Clones (2025).
Faltan solo un par de días para que este monolito de ocho tracks vea la luz. Si buscan un disco que abrace el Sludge con devoción, y que le rinda culto a la parafernalia cannábica con el mismo respeto criminal con el que el viejo outlaw country reverenciaba al whiskey, este aquelarre tiene las puertas abiertas. Déjense hipnotizar por el mago del bong.
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